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Nuestro hermano Mariano Puga

Carta de Eric, responsable internacional de la Fraternidad Sacerdotal                                                           

“Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos,

Ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi morada como tienda de pastores.

Como un tejedor enrollaba yo mi vida y me cortan la trama” (Is 38, 11-12)


“Existe una buena muerte. Somos responsables de la forma en que morimos. Tenemos que elegir entre aferrarnos a la vida de tal manera que la muerte se convierta en nada más que un fracaso, o dejar ir la vida en libertad para que podamos ser entregados a los demás como una fuente de esperanza “. (Henri Nouwen, La vida del amado).

 
Amados hermanos,

sintiendo profundamente tanto gratitud por el don como tristeza por la pérdida, les anuncio el paso de nuestro gran hermano, querido amigo e ícono viviente de nuestra fraternidad, MARIANO PUGA CONCHA de Santiago, Chile. El falleció el pasado 14 de marzo de 2020, a la edad de 88 años. Murió de cáncer linfático.

Permítanme hacer honor a la hermandad de alma que tuvimos con Mariano con las siguientes líneas. Mi primer encuentro con él fue en la Asamblea General de El Cairo en el año 2000. Antes de su elección como Responsable General, su presencia en la Asamblea fue como un virus que nos contaminaba con alegría y risas con su delicioso canto acompañado de acordeón. Poco sabía yo que esas canciones eran de los barrios bajos de Santiago; muy jovial y empoderado y nunca deprimido. Era como un trovador cantando con sus pulmones y corazón los sueños y aspiraciones de su gente de Santiago. Su espíritu impetuoso y su música llena de alegria me cautivaron.

Mi segundo encuentro fue en los Estados Unidos en 2002. El estaba visitando a la fraternidad de los Estados Unidos, mientras yo estaba en mi año sabático. El fallecido Howard Caulkins, otro querido amigo, me propuso que, si yo iba con él a la asamblea del país en Minnesota, él me llevaría a la Abadía Mepkin donde yo haría mi año sabático como huésped del monasterio. De hecho, viajamos juntos y ahí me encontré con Mariano de nuevo. Muy fácilmente nos reconectamos, alma con alma, en una forma profundamente personal e íntima. Yo estaba compartiendo con él mi crisis con la Iglesia, con mis demonios personales y con Dios y nunca me he sentido tan escuchado. El simplemente me abrazó firmemente como un hermano mayor confortando a un hermano más joven, con lágrimas en sus ojos, sintiendo mi dolor. Después me sonrió con estas sosegadas palabras, “todo estará bien”. Nos separamos con la promesa de tenernos uno al otro presente en la oración, yo para la Abadía y él para Tammanraset.

Mi encuentro más reciente con él fue el año pasado en Cebú durante la Asamblea General. A sus 88 años, viajar a través del globo, tuvo un alto precio para él. Fue hospitalizado dos veces y en ambas ocasiones yo estuve con él. Su sabiduría me llamaba a salir de la tumba de mis pretensiones y compartir testimonios personales. Fácilmente nos reconectamos, hermano a hermano, valorando cada una de nuestras historias, en la sala de emergencia (donde él estuvo 5 horas), después dentro de su habitación (la cual él vehementemente resistía porque quería estar en la sala común con la gente pobre), hasta muy tarde. Entonces, con una sonrisa en su rostro, me susurró, “la Asamblea ha terminado y yo podría ahora irme a casa”. Volví a casa esa noche, muy humillado pero muy enriquecido por este conmovedor intercambio, nuestra revisión de vida, la cual para Mariano está en el corazón de cualquier asamblea de hermanos.

Permítanme también compartir algunas líneas que Fernando Tapia me escribió acerca de Mariano: “Mariano fue un apasionado buscador de Dios y un enamorado de Jesús de Nazaret. Su encuentro con él a través de los pobres de un basural cambió su vida para siempre. El lo dejó todo y entró al Seminario. Aquí encontró a Carlos de Foucauld y siguió su espiritualidad hasta el final de su vida. Fue Padre Espiritual y formador en el Seminario de Santiago. Después se transformó en sacerdote obrero por más de 30 años, compartiendo la vida de los pobres. Siempre vivió entre ellos. Fue su pastor, su defensor durante el tiempo de la dictadura militar de Pinochet, sufriendo la prisión 7 veces. Promovió una Iglesia comprometida con los pobres. Predicó muchos retiros en Chile y fuera de Chile. Fue un hombre de oración, alegre, cercano a todos, amigo de creyentes y no creyentes, un misionero en las periferias de la sociedad chilena, siguiendo las huellas del Hermano Carlos. El Evangelio fue su guía, el cual él deseaba gritar con su propia vida”.

Mariano, hermano, amigo, muchísimas gracias. Gracias por tu loco testimonio de un Dios loco en Jesús de Nazaret. Comparto la gratitud y la pena de los pobres de Santiago, a quienes tú has tocado con tu testimonio. Que Jesús, el Buen Pastor, te reciba para siempre en tu nueva morada, ésa que El prepara para aquéllos que son fieles.

Hermanos, yo rezo con Mariano para que, en nuestras reuniones y asamblea, continuemos arriesgándonos a compartir unos con otros nuestra pobreza y vulnerabilidad. Es nuestra pobreza la que nos une, nos cualifica y nos libera como hermanos en fraternidad. Es también el trampolín para nuestra misión entre los pobres, como dijimos en Cebú. Sea también nuestra humilde pero firme resolución para compartir la vida misionera de Jesús de Nazaret con los pobres, siguiendo las huellas del Hermano Carlos.

Con mi abrazo fraterno,

Eric LOZADA

El pueblo chileno despide a Mariano Puga, el cura obrero

Fallecido a los 88 años, en su comunidad “La Minga”                                                                                
Artículo publicado en https://es.zenit.org el 17 de marzo de 2.020.

 
 
Decenas de pancartas, consignas, cantos y aplausos se escucharon en la iglesia San Francisco la tarde del domingo 15 de marzo de 2.020, cuando eran despedidos los restos del sacerdote Mariano Puga, quien falleció el pasado sábado a los 88 años de edad en su comunidad “La Minga”, de Villa Francia.

El arzobispo de Santiago, Celestino Aós, fue el encargado de realizar el responso fúnebre, tras una eucaristía que duró cerca de dos horas y que estuvo marcada por los elogios y recuerdos hacia la figura del padre Puga.

 
 
“Hay muchas personas que han influido en nosotros y nosotros influimos en muchas otras. Cuando hay hermanos sacerdotes, obispos o políticos que han ocupado cargos públicos o que han tenido mucha relevancia social, vemos estas manifestaciones. Es impresionante constatar en este caso, como tantas personas de diferentes sensibilidades políticas y hasta de diversos credos religiosos, han sintonizado con el padre Mariano Puga, precisamente porque Mariano los unió, los atrajo y los llevó hasta Jesucristo y en Jesucristo encontramos la unión, buscando la justicia, la verdad, el respeto. Ahí nos encontramos todos unidos y eso es lo que se ve, cómo su obra no fue una obra de división, sino que fue una obra de unión, no fue una obra de violencia, sino de buscar la paz”, señaló el pastor de Santiago.

 
 
Paulo Álvarez, coordinador de la comunidad La Minga, dijo sobre el padre Puga que “la gran causa de Mariano es Jesús y el evangelio. Ahí encontró un sentido fundamental de la vida, su fuerza y su fracaso, su entrega y sus dudas. La derrota amarga por un asesinado en la cruz, proclamado, resucitado, pero constantemente abusado hasta la humillación de lo indecible. En ese creía. Mariano obstinadamente indicó su fidelidad con el Nazareno, entregó su vida entera a quiénes eran tratados como irrelevantes, dónde para él, los primeros eran los pobres de la tierra, los drogodependientes, las trabajadoras y trabajadores sexuales, ladrones y los desobedientes”.

 
 
Testimonio de Jesucristo

Patricio Cisternas, dirigente comunal en Pudahuel, añadió que “Mariano ha sido un testimonio de Jesucristo, de una iglesia viva, del evangelio de los pobres y un testimonio de transversalidad. Él convirtió muchos corazones y su mensaje seguirá vigente, tanto en los derechos humanos, en el evangelio, en los pobres, en La Minga, ese lugar que lo chifló por Jesucristo”.

Violeta Toledo, joven de 20 años de la parroquia Nuestra Señora de Montserrat de Puente Alto, describió este día como muy particular y bendito: “Mariano Puga lo que marca en los católicos y en los jóvenes sobre todo, es impresionante. Desde chica me enseñaron de él, de su figura, de su obra. Estar hoy presente y en el contexto nacional en el que estamos y en el despertar que estamos viviendo, encuentro que es bastante icónico. Dios actúa de una manera muy bonita al llevárselo a su Reino un día como hoy”.

 
 
Luego de la Eucaristía y responso en el templo San Francisco, los restos de Mariano Puga fueron trasladados hasta Villa Grimaldi, lugar donde se realizó un viacrucis con acordeones, guitarras y panderos.

“Su legado fue el de la Iglesia con el pueblo”, señaló Pedro Lautaro asistente a la Fiesta de Resurrección, quien agregó que “él era un cura que realmente le llega a la gente, el cura que necesita la gente, sobre todo en tiempos difíciles, tal como lo fue el cardenal Silva Henríquez en la época de dictadura (…) por eso le echaremos tanto de menos, pero lo importante es que gente joven y de generaciones nuevas están conociendo el trabajo que ellos hicieron. Su legado, su figura son ejemplo a seguir y por eso hay que estar agradecidos”.

Por otro lado, Magdalena Ross indicó que, para ella, el sacerdote “es el hombre que enseñó a unir a los sectores sociales y políticos y nos enseñó el amor profundo, hacia las personas y hacia el Evangelio de Jesús de Nazareth”.

Declaración de Mariano Puga (Chile)

 
Ante la polémica mediática suscitada en la Iglesia y la sociedad de Chile por las supuestas denuncias ante la Congregación para la Doctrina de la Fe contra los jesuitas José ALDENATE, Felipe BERRÍOS y nuestro hermano Mariano PUGA, Mariano ha hecho pública esta DECLARACIÓN:




DECLARACIÓN

Quiero agradecer a tantos por su cercanía en esta Iglesia que soñamos.

Con sinceridad quiero decirles:

Es una mentira la supuesta acusación de nuestro arzobispo Ricardo a Roma contra Felipe, Pepe y yo, como dijo cierta prensa.

Cuando he tenido expresiones que no le parecen a don Ricardo, siempre me ha llamado, hemos dialogado. ¡Es la legítima y difícil libertad de opinión en la Iglesia!

Me da pena la línea de confrontación contra su persona y su imagen. Me siento en profunda comunión con él.

¡Nos cuesta tanto compartir la fe en la diversidad! Somos Iglesia que quiere ser fiel a “Jesús Buena Nueva para los pobres”, una Iglesia “pobre y al servicio de los pobres” (papa Francisco), donde los pobres se sientan en su casa.

Queremos ser discípulos de Jesús, el de “ay de ustedes los ricos…
ay de los que están satisfechos…
ay de los que ríen”…
los que mantienen una economía que mata y excluye a tantos de la alegría de vivir, la educación, la salud… que destruye la Creación.

Cuando nos juntamos a celebrar la Cena del Señor, oramos por una “Iglesia que sea recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz” (Plegaria Eucarística), sin autoritarismo, sin clericalismo, fraterna y transparente.


Presbítero Mariano Puga Concha
Santiago, 14 de octubre de 2014