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Nuestro hermano Mariano Puga

Carta de Eric, responsable internacional de la Fraternidad Sacerdotal                                                           

“Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos,

Ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi morada como tienda de pastores.

Como un tejedor enrollaba yo mi vida y me cortan la trama” (Is 38, 11-12)


“Existe una buena muerte. Somos responsables de la forma en que morimos. Tenemos que elegir entre aferrarnos a la vida de tal manera que la muerte se convierta en nada más que un fracaso, o dejar ir la vida en libertad para que podamos ser entregados a los demás como una fuente de esperanza “. (Henri Nouwen, La vida del amado).

 
Amados hermanos,

sintiendo profundamente tanto gratitud por el don como tristeza por la pérdida, les anuncio el paso de nuestro gran hermano, querido amigo e ícono viviente de nuestra fraternidad, MARIANO PUGA CONCHA de Santiago, Chile. El falleció el pasado 14 de marzo de 2020, a la edad de 88 años. Murió de cáncer linfático.

Permítanme hacer honor a la hermandad de alma que tuvimos con Mariano con las siguientes líneas. Mi primer encuentro con él fue en la Asamblea General de El Cairo en el año 2000. Antes de su elección como Responsable General, su presencia en la Asamblea fue como un virus que nos contaminaba con alegría y risas con su delicioso canto acompañado de acordeón. Poco sabía yo que esas canciones eran de los barrios bajos de Santiago; muy jovial y empoderado y nunca deprimido. Era como un trovador cantando con sus pulmones y corazón los sueños y aspiraciones de su gente de Santiago. Su espíritu impetuoso y su música llena de alegria me cautivaron.

Mi segundo encuentro fue en los Estados Unidos en 2002. El estaba visitando a la fraternidad de los Estados Unidos, mientras yo estaba en mi año sabático. El fallecido Howard Caulkins, otro querido amigo, me propuso que, si yo iba con él a la asamblea del país en Minnesota, él me llevaría a la Abadía Mepkin donde yo haría mi año sabático como huésped del monasterio. De hecho, viajamos juntos y ahí me encontré con Mariano de nuevo. Muy fácilmente nos reconectamos, alma con alma, en una forma profundamente personal e íntima. Yo estaba compartiendo con él mi crisis con la Iglesia, con mis demonios personales y con Dios y nunca me he sentido tan escuchado. El simplemente me abrazó firmemente como un hermano mayor confortando a un hermano más joven, con lágrimas en sus ojos, sintiendo mi dolor. Después me sonrió con estas sosegadas palabras, “todo estará bien”. Nos separamos con la promesa de tenernos uno al otro presente en la oración, yo para la Abadía y él para Tammanraset.

Mi encuentro más reciente con él fue el año pasado en Cebú durante la Asamblea General. A sus 88 años, viajar a través del globo, tuvo un alto precio para él. Fue hospitalizado dos veces y en ambas ocasiones yo estuve con él. Su sabiduría me llamaba a salir de la tumba de mis pretensiones y compartir testimonios personales. Fácilmente nos reconectamos, hermano a hermano, valorando cada una de nuestras historias, en la sala de emergencia (donde él estuvo 5 horas), después dentro de su habitación (la cual él vehementemente resistía porque quería estar en la sala común con la gente pobre), hasta muy tarde. Entonces, con una sonrisa en su rostro, me susurró, “la Asamblea ha terminado y yo podría ahora irme a casa”. Volví a casa esa noche, muy humillado pero muy enriquecido por este conmovedor intercambio, nuestra revisión de vida, la cual para Mariano está en el corazón de cualquier asamblea de hermanos.

Permítanme también compartir algunas líneas que Fernando Tapia me escribió acerca de Mariano: “Mariano fue un apasionado buscador de Dios y un enamorado de Jesús de Nazaret. Su encuentro con él a través de los pobres de un basural cambió su vida para siempre. El lo dejó todo y entró al Seminario. Aquí encontró a Carlos de Foucauld y siguió su espiritualidad hasta el final de su vida. Fue Padre Espiritual y formador en el Seminario de Santiago. Después se transformó en sacerdote obrero por más de 30 años, compartiendo la vida de los pobres. Siempre vivió entre ellos. Fue su pastor, su defensor durante el tiempo de la dictadura militar de Pinochet, sufriendo la prisión 7 veces. Promovió una Iglesia comprometida con los pobres. Predicó muchos retiros en Chile y fuera de Chile. Fue un hombre de oración, alegre, cercano a todos, amigo de creyentes y no creyentes, un misionero en las periferias de la sociedad chilena, siguiendo las huellas del Hermano Carlos. El Evangelio fue su guía, el cual él deseaba gritar con su propia vida”.

Mariano, hermano, amigo, muchísimas gracias. Gracias por tu loco testimonio de un Dios loco en Jesús de Nazaret. Comparto la gratitud y la pena de los pobres de Santiago, a quienes tú has tocado con tu testimonio. Que Jesús, el Buen Pastor, te reciba para siempre en tu nueva morada, ésa que El prepara para aquéllos que son fieles.

Hermanos, yo rezo con Mariano para que, en nuestras reuniones y asamblea, continuemos arriesgándonos a compartir unos con otros nuestra pobreza y vulnerabilidad. Es nuestra pobreza la que nos une, nos cualifica y nos libera como hermanos en fraternidad. Es también el trampolín para nuestra misión entre los pobres, como dijimos en Cebú. Sea también nuestra humilde pero firme resolución para compartir la vida misionera de Jesús de Nazaret con los pobres, siguiendo las huellas del Hermano Carlos.

Con mi abrazo fraterno,

Eric LOZADA

El pueblo chileno despide a Mariano Puga, el cura obrero

Fallecido a los 88 años, en su comunidad “La Minga”                                                                                
Artículo publicado en https://es.zenit.org el 17 de marzo de 2.020.

 
 
Decenas de pancartas, consignas, cantos y aplausos se escucharon en la iglesia San Francisco la tarde del domingo 15 de marzo de 2.020, cuando eran despedidos los restos del sacerdote Mariano Puga, quien falleció el pasado sábado a los 88 años de edad en su comunidad “La Minga”, de Villa Francia.

El arzobispo de Santiago, Celestino Aós, fue el encargado de realizar el responso fúnebre, tras una eucaristía que duró cerca de dos horas y que estuvo marcada por los elogios y recuerdos hacia la figura del padre Puga.

 
 
“Hay muchas personas que han influido en nosotros y nosotros influimos en muchas otras. Cuando hay hermanos sacerdotes, obispos o políticos que han ocupado cargos públicos o que han tenido mucha relevancia social, vemos estas manifestaciones. Es impresionante constatar en este caso, como tantas personas de diferentes sensibilidades políticas y hasta de diversos credos religiosos, han sintonizado con el padre Mariano Puga, precisamente porque Mariano los unió, los atrajo y los llevó hasta Jesucristo y en Jesucristo encontramos la unión, buscando la justicia, la verdad, el respeto. Ahí nos encontramos todos unidos y eso es lo que se ve, cómo su obra no fue una obra de división, sino que fue una obra de unión, no fue una obra de violencia, sino de buscar la paz”, señaló el pastor de Santiago.

 
 
Paulo Álvarez, coordinador de la comunidad La Minga, dijo sobre el padre Puga que “la gran causa de Mariano es Jesús y el evangelio. Ahí encontró un sentido fundamental de la vida, su fuerza y su fracaso, su entrega y sus dudas. La derrota amarga por un asesinado en la cruz, proclamado, resucitado, pero constantemente abusado hasta la humillación de lo indecible. En ese creía. Mariano obstinadamente indicó su fidelidad con el Nazareno, entregó su vida entera a quiénes eran tratados como irrelevantes, dónde para él, los primeros eran los pobres de la tierra, los drogodependientes, las trabajadoras y trabajadores sexuales, ladrones y los desobedientes”.

 
 
Testimonio de Jesucristo

Patricio Cisternas, dirigente comunal en Pudahuel, añadió que “Mariano ha sido un testimonio de Jesucristo, de una iglesia viva, del evangelio de los pobres y un testimonio de transversalidad. Él convirtió muchos corazones y su mensaje seguirá vigente, tanto en los derechos humanos, en el evangelio, en los pobres, en La Minga, ese lugar que lo chifló por Jesucristo”.

Violeta Toledo, joven de 20 años de la parroquia Nuestra Señora de Montserrat de Puente Alto, describió este día como muy particular y bendito: “Mariano Puga lo que marca en los católicos y en los jóvenes sobre todo, es impresionante. Desde chica me enseñaron de él, de su figura, de su obra. Estar hoy presente y en el contexto nacional en el que estamos y en el despertar que estamos viviendo, encuentro que es bastante icónico. Dios actúa de una manera muy bonita al llevárselo a su Reino un día como hoy”.

 
 
Luego de la Eucaristía y responso en el templo San Francisco, los restos de Mariano Puga fueron trasladados hasta Villa Grimaldi, lugar donde se realizó un viacrucis con acordeones, guitarras y panderos.

“Su legado fue el de la Iglesia con el pueblo”, señaló Pedro Lautaro asistente a la Fiesta de Resurrección, quien agregó que “él era un cura que realmente le llega a la gente, el cura que necesita la gente, sobre todo en tiempos difíciles, tal como lo fue el cardenal Silva Henríquez en la época de dictadura (…) por eso le echaremos tanto de menos, pero lo importante es que gente joven y de generaciones nuevas están conociendo el trabajo que ellos hicieron. Su legado, su figura son ejemplo a seguir y por eso hay que estar agradecidos”.

Por otro lado, Magdalena Ross indicó que, para ella, el sacerdote “es el hombre que enseñó a unir a los sectores sociales y políticos y nos enseñó el amor profundo, hacia las personas y hacia el Evangelio de Jesús de Nazareth”.

Homilia en la misa funeral de Antonio López Baeza

"Hay en mi tierra un milagro, que hace enmudecer al cielo, ¡el almendro florecido en el corazón de enero!"                                   
 
Homilia del obispo 
de la diócesis de Cartagena Murcia

 
Misa funeral por el alma de
D. Antonio López Baeza
Parroquia Corpus Christi y la Purísima
Archena
 
 
Hermanos sacerdotes
Sra. Alcaldesa y Corporación Municipal
Familiares
Amigos
Queridos hermanos,
  
Ayer mañana, con la noticia de la muerte de Antonio, me enviaban un texto que había escrito él: Hay en mi tierra un milagro, que hace enmudecer al cielo, ¡el almendro florecido en el corazón de enero! Nunca me imaginé que me tocara a mí presidir la Misa funeral de tantos hermanos sacerdotes, cada uno con sus ilusiones y esperanzas, pero todos cargados de méritos y de servicios al Pueblo de Dios y hoy, con esperanza también lo digo, despido a un almendro que florecía en enero… y en febrero y en marzo… durante todos los meses del año. Despido, junto a todos vosotros, a una persona de corazón grande y noble, a quien Dios le dotó de una especial sensibilidad para mirar la realidad con ojos nuevos y con la capacidad de contarlo con la finura de los místicos. A mucha gente ha ayudado este almendro de piel recia y agrietada, gastada en el servicio a los pobres y olvidados, por el roce y la cercanía de los cansados de palabrerías y de los derrotados por las injusticias. Nunca se quedó en la acera de la vida viendo pasar el tiempo, sino que se arrimó a Jesús y sintió que necesitaba poner el oído en su pecho para oír el latido de su corazón y aprender, en el silencio de la solidaridad, del ejemplo de Jesús para rezar, para encontrarse con el Padre y para poder lavar los pies a la gente. Lo ha intentado, si, ha intentado parecerse a Cristo: caminar, predicar el amor y el perdón de Dios, estar cerca de la gente que busca, oír las voces de los ciegos del camino y los gestos de los sordos pidiendo ayuda, los gritos desgarrados de los que tenían hambre y sed… Para todos ellos ha sido un heraldo de las Bienaventuranzas de Dios.
  
Los que le habéis tratado, sabéis que siempre se le encontraba como una persona que te esperaba a la puerta de su ser con las puertas abiertas, sus grandes ojos de par en par reconociéndote como amigo y con una sonrisa sin disimulos como anfitriona. Antonio quería ser un hombre de Dios, tenía razones, lo aprendió de Él en tantas horas de oración, encuentros y celebraciones de la liturgia. Sabía que si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles y se dejó construir, porque sabía que Dios da el pan a sus amigos mientras duermen, que el Señor nos da la seguridad y el descanso y que hay que confiar en Él siempre, porque siempre está cercano, siempre. Lo hemos visto en esta Navidad, el Señor está tan próximo que pueden llegar los pobres, los marginados, los pecadores y los últimos, todos aquellos a los que se les había negado el acceso, porque, insisto, Dios tiene sus puertas abiertas y nadie está excluido de su amistad, para Él no hay marginados, más aún, para Dios, los últimos serán los primeros, porque para Dios nadie es un extraño. Esto movía el corazón de nuestro hermano a la fe y a la confianza.
  
Antonio, antes de su muerte, en sus últimas voluntades, ha dejado escrito que quería un entierro sencillo, muy sencillo y que respetáramos esta voluntad suya, así queremos hacerlo y sin adornos. Pero dejó escritas las únicas palabras que debían resonar esta mañana, unas citas de la Palabra de Dios para ser leídas en esta Eucaristía. Les aseguro que ha sido impresionante el exquisito cuidado que ha puesto en ello. Cuando yo leía el texto del libro de la Sabiduría me emocionaba, porque me estaba imaginando la escena al presentarse ante Nuestro Señor y me decía, ¿le habrá querido recordar él a Dios lo que dice el texto?: Te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. Pero inmediatamente me he respondido, no, seguro que no pensado en recordarle nada, si él sabía la bondad y la misericordia de Dios… Bueno, quizás nos vega bien a nosotros, los que aún quedamos en este mundo, para que volvamos el rostro al Señor de corazón. Me ha consolado pensar que Antonio nos está acercando a todos a Dios, ¿no les parece? En su última predicación nos dice que merece la pena ser el grano de trigo que cae a tierra y muere, para dar fruto; que sigamos a Jesucristo para dar fruto, que no perdamos el tiempo buscándonos a nosotros mismos, sino al Señor, para descansar en Él.
  
Aprovecho este momento para agradeceros todo lo que habéis hecho por él, a sus familiares, a sus amigos, a los voluntarios que habéis estado junto a él en estos últimos días de su vida. Me consta que no ha querido seros gravoso, porque el testimonio que os ha dado a todos los vecinos de Archena y a todo el mundo ha sido querer servir, estar disponible y deciros que os lleva grabados en el corazón.
  
Que descanse en paz el que trabajó por construirla con el arma más frágil que imaginarse pueda, con un bolígrafo y un papel.
 

Recordando a Antonio López Baeza

Sacerdote de la diócesis de Cartegena-Murcia, escritor y poeta, era miembro de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas.                                                                                  

El jueves 10 de enero falleció, a los 82 años, Antonio López Baeza en Archena (Murcia).

Si algo puede considerarse el núcleo fundante de la vida y obra de Antonio López Baeza es Jesús de Nazaret. Él es la inspiración constante de su vida y de su obra escrita. Jesús es su modelo único, aquel que desde niño se convirtió en líder de su alma infantil, ídolo del adolescente que buscaba, modelo de vida en la madurez, modelo único de toda la existencia, repite una y otra vez. Porque Jesús es la sencillez más pura, la naturalidad sin doblez, la transparencia máxima de Dios en la Humanidad Peregrina. Volver a Jesús, volver a Nazaret, este es el lema de la experiencia vital y creyente de Antonio, esta es su forma de saldar la deuda, de abrazar a la humanidad y en ella a Dios mismo que se hace hombre en el corazón de cada ser humano que se abre al misterio del otro y se entrega en cada gesto, en cada acto, en cada obra. Volver a Nazaret será el camino seguro para la Iglesia, a la que tanto ama Antonio y por la que tanto llora Antonio, porque en la Iglesia, prefiguración de la humanidad unida en la fraternidad universal, los hombres tienen su plenitud de hijos.
   

Antonio desarrolló una intensa labor literaria, especialmente en temas de espiritualidad. Destacamos las siguientes publicaciones:
  • Canciones del hombre nuevo (1986).
  • Poemas para la utopía (1987).
  • Imágenes y profecías de la amistad (1993).
  • Experiencia con la soledad (1994).
  • Ráfagas del Espíritu: Testimonio y pensamiento (1999).
  • Contemplación de Navidad: Versos y oraciones del Enmanuel (2000).
  • Un Dios locamente enamorado de ti (2009).
  • La vida más allá del sentido (2010).
  • Un camino en lo imposible (2011).
  • Queda el amor (2012).
  • La oración, aventura apasionante: Sólo se escucha desde el silencio (2013).
  • Ojos nuevos para un mundo nuevo (2014).
  • Al aire fuerte de la vida (2014).
  • Francisco de Asís. Una luz puesta en lo alto (2015).
  • La oración de Carlos de Foucauld (2016).
  • Carlos de Foucauld. La fragancia del Evangelio (2016).
  • Por una Iglesia al servicio del mundo (2018). 
Tenía su web propia: Fe y Poesía 

Antonio era una persona muy apreciada en la Familia espiritual del hermano Carlos en España. Fue ponente o asistente activo en varios encuentros. En nuestra web podemos encontrar varias aportaciones suyas:

Carta a Gianantonio


En la mañana del 28 de agosto llegó a los brazos del Padre después de luchar contra el cáncer durante un año.                                
Querido hermano:
Esta mañana has celebrado tu Pascua y el Señor te ha acogido en sus brazos como hijo muy querido. Hemos rezado mucho por ti, y nuestra plegaria no ha sido en vano. Estás en el mejor sitio de los bienaventurados, tú, que durante 57 días te quitaron la libertad en el secuestro en Camerún, tú, que no has perdido la esperanza en este año de enfermedad, nos has dado a todos muestras de paz y de confianza. “Con infinita confianza...” Tú, que has hecho vida la Oración de Abandono, como hizo Carlos de FOUCAULD. Tú, hermano querido por todas las personas a quienes has servido, tratado, trabajado… tengo que darte las gracias por el testimonio tan valioso de tu vida, donde no te has rendido ni has dejado a otros la misión que el Señor te confió.
 
Me duele mucho tu adiós, pero sé que es temporal. Nos encontraremos en la fraternidad de los hijos de Dios y recordaremos la campaña de oración en cadena en todo el mundo por tu libertad estando secuestrado con Gilberte, a quien tuve la gran alegría de visitar en Montreal, y me enseñó los objetos que tenía durante el secuestro, y Giampaolo, tu compañero misionero en Camerún. Recuerdo con alegría la noticia de vuestra liberación. Sonaron las campanas de muchas iglesias en España, en Italia, en tantos lugares, en aquella Pascua de 2.014.
Tu secuestro nos movió a contemplar la falta de libertad en la humanidad, en los pueblos oprimidos, en los pobres más pobres, la bota del poderoso que aplasta al humilde, la manipulación de las vidas de seres humanos por intereses comerciales y del poder que no da la cara, sólo a través de sus portadores del hacha de guerra… Pero el ser humano y sus derechos, como tantas veces repite el papa Francisco, está por encima de toda ideología.
  
Tu fraternidad italiana, tu familia, tu diócesis de Vicenza, tus amigos en Camerún, te van a echar de menos, y todos los hermanos de la fraternidad sacerdotal te tendremos como un referente de misionero comprometido, valiente, hombre de Dios que deja huella para animarnos a seguir trabajando por el Reino y su justicia. Giampaolo, tu compañero de misión en Camerún, seguirá sembrando la semilla de ese Reino que crece desde lo pequeño e insignificante en nuestro mundo.
  
Tuve la gran alegría de conocerte personalmente en Castelfranco, Italia, en 2.015, y en Rudy, Polonia, el verano pasado, compartiendo contigo la asamblea europea de la fraternidad. Algo me decía que debías cuidar tu salud, y así te lo expresé. A través de estos últimos meses nos hemos comunicado y he seguido tu proceso con preocupación. Hoy doy gracias al Señor por tu vida, por cómo has ido superando las pruebas con esa calidad humana tuya que me enseña a valorar lo negativo de la vida, sabiendo que si el grano de trigo no muere, no da fruto. Como el hermano Carlos, lo has dado todo por los más desfavorecidos, y eso me llena de alegría, a pesar del dolor de la separación. De todo aquello que consideramos doloroso, estoy seguro que surge algo nuevo, inesperado, positivo y bueno para nosotros y para los demás. Gracias por enseñarme a tener paciencia y paz.
 
Pide por nosotros ante Dios, que hoy te colma de gracia y de amor. Te recordaremos siempre.

Aurelio SANZ BAEZA, fraternidad sacerdotal Iesus Caritas,
hermano responsable
Perín, Cartagena, Murcia, España, 
28 de agosto 2.018, martirio de San Juan Bautista
Nota biográfica:
Gianantonio ALLEGRI, miembro de la fraternidad sacerdotal Iesus Caritas. Nace en 1.957 en Pievebelcino (Vicenza, Italia) Sacerdote en 1.982. Vicario en algunas parroquias del Vicentino. Desde 1.991 a 2.001 trabajó como fidei donum, misionero en Camerún. Regresó para el ministerio de párroco en Magré di Schio hasta 2.013. Vuelve a Camerún y es secuestrado por Boko Haram durante 57 días, con sus compañeros, la hermana Gilberte BOUSSIÈRE, de Quebec, y Giampaolo MARTA de su misma diócesis de Vicenza. Tras su liberación regresa a la diócesis y fue párroco de Santa Maria Bertilla en Vicenza.
En la mañana de hoy llegó a los brazos del Padre después de luchar contra el cáncer durante un año.

Car­los de Fou­cauld, el bea­to que no que­ría ser sa­cer­do­te

Entrevista de José An­to­nio Cal­vo a Antonio Ramos publicada en www.agenciasic.org el 16 de Diciembre de 2016.    



Sin com­pa­ñe­ros. Ex­tran­je­ro y cris­tiano en el co­ra­zón del Saha­ra. La gue­rra de 1914 deja sen­tir su in­fluen­cia en Ar­ge­lia. El 1 de di­ciem­bre de 1916, trai­cio­na­do por uno de los que él ha­bía ayu­da­do, es apre­sa­do por una ban­da de se­nu­sis­tas. Mien­tras se de­di­can al sa­queo, un mu­cha­cho le vi­gi­la y, ner­vio­so al creer que lle­gan sol­da­dos, le da muer­te de un dis­pa­ro en la ca­be­za. Su cuer­po que­da ten­di­do en la are­na del de­sier­to como un grano de tri­go que mue­re para dar fru­to. Han pa­sa­do cien años.

Del Saha­ra a los Mo­ne­gros

Ha­bla­mos del bea­to Car­los de Fou­cauld con An­to­nio Ra­mos, un sa­cer­do­te dio­ce­sano de Za­ra­go­za, miem­bro de la fra­ter­ni­dad sa­cer­do­tal ‘Ie­sus Ca­ri­ta­s’, que co­no­ció al her­mano Car­los en el se­mi­na­rio, le­yen­do ‘En el co­ra­zón de las ma­sa­s’, del pa­dre Voi­llau­me. Años an­tes, los her­ma­nos de Je­sús se ha­bían es­ta­ble­ci­do en Far­le­te, Ar­ge­lia es­ta­ba a pun­to de de­jar de ser co­lo­nia fran­ce­sa, y los Mo­ne­gros se pa­re­cían al Saha­ra. “Aho­ra, la ciu­dad se pa­re­ce al de­sier­to más que nun­ca”, por eso, afir­ma que “la de Fou­cauld es una es­pi­ri­tua­li­dad para nues­tro tiem­po: las gran­des ciu­da­des son el gran de­sier­to; so­cie­da­des que es­con­den la ten­den­cias sui­ci­das o las jus­ti­fi­can; gen­te des­pro­vis­ta de cual­quier apo­yo, has­ta de la fe”.

Algo así le su­ce­día al jo­ven Car­los de Fou­cauld, que no tie­ne re­pa­ros en con­tar cómo era su vida: “A los 17 años era todo egoís­mo, todo de­seo de mal, es­ta­ba como en­lo­que­ci­do. Ja­más creo ha­ber es­ta­do en tan la­men­ta­ble es­ta­do es­pi­ri­tual. Vi­vía como se pue­de vi­vir cuan­do se ha ex­tin­gui­do la úl­ti­ma chis­pa de la fe”.

Cam­bio ra­di­cal


No fue has­ta los 28 años cuan­do cam­bió su vida: una pri­ma le hizo co­no­cer al pa­dre Hu­ve­lin, que le re­co­men­dó con­fe­sar­se y co­mul­gar para des­pe­jar sus du­das: “En cuan­to creí que Dios exis­tía, no pude ha­cer otra cosa que vi­vir sólo para Él. ¡Dios es tan gran­de! Hay tan­ta di­fe­ren­cia en­tre Dios y todo aque­llo que no lo es”.

In­me­dia­ta­men­te qui­so ser re­li­gio­so pero su con­fe­sor le man­dó es­pe­rar tres años y le man­dó pe­re­gri­nar a Tie­rra San­ta. Se hace mon­je en 1890 y, tras vi­vir sie­te años en la Tra­pa de Cheikh­lé en el Im­pe­rio Oto­mano, bus­can­do más po­bre­za y más so­le­dad se va a Na­za­ret, don­de sir­ve como man­da­de­ro de las car­me­li­tas. El obis­po de Vi­viers le or­de­na sa­cer­do­te e in­me­dia­ta­men­te se mar­cha a Béni Ab­bès, en el Saha­ra ar­ge­lino, don­de com­ba­tió lo que él de­no­mi­nó la ‘mons­truo­si­dad de la es­cla­vi­tu­d’. Allí es­pe­ra la oca­sión para en­trar a evan­ge­li­zar Ma­rrue­cos.

¿Por qué tan­to cam­bio? An­to­nio Ra­mos, ad­mi­ra­do, lo atri­bu­ye a su ca­pa­ci­dad de evo­lu­cio­nar se­gún va des­cu­brien­do: “de no que­rer ser sa­cer­do­te, por­que le pa­re­cía de­ma­sia­da dig­ni­dad, a ser­lo para ser­vir me­jor a la gen­te. De que­rer ser fun­da­dor, a vi­vir la so­le­dad y no fun­dar nada”.

Apos­to­la­do de la bon­dad

“Si me pre­gun­tan por qué soy man­so y bueno, debo de­cir: por­que soy el ser­vi­dor de al­guien mu­cho más bueno que yo”, así con­den­sa el her­mano Car­los su mi­sión en Ta­man­ras­set, en­tre los tua­regs. Mon­je de clau­su­ra-mi­sio­ne­ro, ami­go de to­dos, es­tu­dio­so de las cos­tum­bres au­tóc­to­nas, reza mu­cho, come poco -un pu­ña­do de dá­ti­les o de ce­ba­da- y duer­me me­nos -tres ho­ras-, es­cri­be el pri­mer dic­cio­na­rio tua­reg-fran­cés y, ade­más de re­par­tir li­mos­na, es­cu­cha y acon­se­ja.

De­seo de eu­ca­ris­tía

En esta si­tua­ción, su alma es la eu­ca­ris­tía. Lo cree y lo es­cri­be: “¿Hace al­gún bien mi pre­sen­cia aquí? Si la mía no lo hace, la pre­sen­cia del San­tí­si­mo Sa­cra­men­to lo hace cier­ta­men­te y mu­cho. Je­sús no pue­de es­tar en un lu­gar sin irra­diar”. Para Ra­mos, “su fe en la pre­sen­cia real era el de­to­nan­te: la misa, siem­pre que pudo; el sa­gra­rio, mien­tras se lo per­mi­tie­ron; ho­ras y ho­ras de ora­ción; el de­seo de eu­ca­ris­tía, siem­pre. Ahí se prue­ba su aguan­te y obe­dien­cia”.

El mensaje del Hermano Carlos sigue muy vivo en nuestra Iglesia

Entrevista a Aurelio Sanz Baeza por Encarni Llamas Fortes publlicada en la web de la Diócesis de Málaga.       
Aurelio Sanz Baeza es sacerdote de la Diócesis de Murcia y pertenece a la Fraternidad de Carlos de Foucauld, que este año está de fiesta con motivo del Centenario de la muerte del Hno. Carlos. Es el responsable internacional de la fraternidad y recientemente ha visitado a los miembros de la Familia de Foucauld de la Diócesis de Málaga.
¿Qué significa ser sacerdote de la Fraternidad de Carlos de Foucauld?

Somos curas diocesanos, que pertenecemos a la Fraternidad de Carlos de Foucauld. Estamos sujetos a la obediencia de nuestros obispos, no somos religiosos, sino curas de parroquias. Vivimos el carisma de Carlos de Foucauld desde nuestras realidades ministeriales donde estamos: en parroquias, proyectos, centros y en los que de nosotros depende, en las periferias. Llevamos una vida de fraternidad, contamos con un grupo de curas hermanos, con los que celebramos encuentros mensuales en los que hacemos revisión de vida, adoración, día de desierto... Estamos organizados por fraternidades locales, en diversas diócesis de 60 países del mundo. En la actualidad, yo soy el responsable internacional y voy visitando fraternidades, animando a la gente a ser fieles a Jesús, haciendo equipo…
¿Cuál era el carisma del Hermano Carlos?

En realidad, su carisma es imitar la vida oculta de Jesús en Nazaret, desde la cercanía a los últimos, practicando una pastoral de la amistad y compartiendo las condiciones de vida de los más pobres. Todo ello alimentado con una vida de oración, que supone la adoración día a día antes Jesús Eucaristía y la espiritualidad del desierto, que era para él una prioridad. Sus seguidores vamos a la soledad para facilitar que Dios nos pueda encontrar. Por ello hacemos el desierto en el mayor despojo posible, no llevamos libros, ni Biblia ni nada para escribir, sino que estamos a la escucha, como Jesús en el desierto. Yo siempre digo que el desierto es el lugar donde Dios nos reza, no donde nosotros le rezamos a Dios. No somos nadie especiales ni nadie que tengamos un heroísmo en nuestras vidas, sino que nos enamoramos del Evangelio y de Jesús, e intentamos seguirle y ofrecerle nuestro trabajo entre los más desfavorecidos, a través de proyectos y del día a día de nuestra vida, que no siempre es fácil; con la confianza puesta en las manos del Padre, como el Hermano Carlos nos dice en la oración del abandono.
Cuando un miembro de la Familia de Foucauld llega a un lugar, se hace uno más de esa comunidad, esto llama mucho la atención.

Pues es que, el carisma del Hermano Carlos no es imponer nada a nadie, sino gritar el Evangelio con la vida, como hacía Jesús de Nazaret. La mayor parte de su vida no la dedicó a predicar, ni a curar, ni a sanar, ni a perdonar, sino a escuchar, sino a convivir y hacer vida normal. Hacer presencia de Jesús en la vida, respetando mucho las culturas, las religiones, las ideas; y estando abiertos siempre a lo que día a día nos dice Dios. Por todo ello, la Fraternidad de Carlos de Foucauld somos como una gran familia donde caben todo tipo de personas: religiosos, religiosas, sacerdotes, laicos, consagrados…
Este año están de fiesta: el Centenario de la muerte de Carlos de Foucauld.

El 1 de diciembre de 2016 es la fecha, pero lo estamos celebrando durante todo este año. Nos estamos moviendo para hacer de este Centenario algo, no propagandístico, ni triunfalista, sino algo que nos recuerde que el mensaje del Hermano Carlos sigue muy vivo en nuestra Iglesia. Hasta el papa Francisco hace referencia a él en el número 125 de la Laudato Si´, como un modelo evangelizador. Este hombre hizo presente a Jesús desde la sencillez del día a día, desde el Evangelio.
Responsable internacional, ¿cómo lo hace?

Mi contacto con los hermanos por el mundo no es el contacto del jefe que va a controlar o inspeccionar, sino a estar y compartir lo que vive cada persona y cada fraternidad, en lugares muy diversos. Visito los proyectos que tenemos en marcha, como un hogar para más de 600 enfermos de sida en Burkina Fasso. El contacto con la gente, enriquece muchísimo, se comparte la vida de hermanos que están a miles de kilómetros, pero que sienten como tú. Está claro que, el espíritu de Nazaret, que el Hermano Carlos intuyó y nos transmitió, está vivo y para la Iglesia de hoy es un valor. Ese estilo sencillo, reconocido por el papa Francisco nos ayuda y nos da mucha alegría y esperanza. Como cristianos y como seres humanos.
¿Nos sigue despertando Carlos de Foucauld?

Los cristianos de Europa, de Occidente, estamos muy acomodados. En otros lugares, el cristiano es perseguido: en Sudán del sur, en Nigeria, Siria, Irak… he conocido a hermanos refugiados a los que han maltratado a su familia y cuyos testimonios son escalofriantes. A veces, lo que los medios nos transmiten se queda muy corto ante la realidad de persecución que se vive, no sólo a los católicos, sino a todos los cristianos. Y es muy doloroso que los cristianos estén perseguidos, pero tan doloroso es la no aceptación de los refugiados en Europa, que nos tiene que avergonzar. La Iglesia Española se ha expresado rotundamente al respecto. Los cristianos deberíamos ser en nuestra sociedad un signo de denuncia y de profetismo.

(Publicado en http://www.diocesismalaga.es el 19 de septiembre de 2016)

Orar para vivir

De  lo que está lleno el corazón habla la boca; ese es el gran  secreto de la oración que es una comunicación amorosa.                                                                 
Diego MELENDO MORENO

El despertador sonó con tiempo suficiente para prepararme e irme al colegio tranquilamente, pero no contaba que en aquella mañana mi hija recién levantada me declarase una guerra de cosquillas en la que terminé inmovilizado entre carcajadas. Quién imaginaría que aquella risa se convertiría en mi oración de la mañana, “estad siempre alegres…”
Fue mi mujer quien dio la voz de alarma, ya no llegaba a tiempo. En el andén leí el evangelio del día, rara costumbre adquirida hace años; “Hombres de poca fe”, resonó en mi interior tras su lectura. A punto de finalizar el trayecto el músico de mi derecha que nos había amenizado el viaje versionando a Fito, pidió como colaboración una moneda o “una sonrisa, que no cuesta nada y ayuda a mirar el día con alegría en esta ciudad tan gris” “Gracias por la sonrisa” me dijo, pues no pude evitar que brotase una sonrisa de mi cara. La fe está compuesta de múltiples dudas, lo importante es la alegría interior, había leído hacía poco tiempo.
Así es como Dios se hace presente; pidiendo una sonrisa.
Llegué justo cuando iba a comenzar el encuentro, tras los saludos iniciales y alguna que otra indicación comenzamos cantando “Ven Espíritu…” él es maestro de oración, el espíritu ora en nosotros… ¡ABBA!


Morar en Dios

Tú, cuando ores, entra en tu habitación…” Mt 6,6.
No se puede orar sin Fe, sin tener deseo de Dios;” De noche iremos, de noche; que para encontrar la fuente, solo la sed nos alumbra”. Pero como encontrar el tiempo, la tranquilidad, la paz, con este ritmo de vida que llevamos ¿nuestro estilo de vida, es propicio para una vida de oración?
Con San Vicente buscamos distintos pasillos para llegar a la habitación; aunque sabemos que su enseñanza sobre la oración no es original, tuvo muy en cuenta las enseñanzas de San Francisco de Sales en su obra “La introducción a la vida devota”, y su modelo de oración fue Jesús de Nazaret. Nuestro único modelo es él.
Entre las muchas cosas que pudimos conocer sobre la oración en San Vicente, sus formas y modos, la preparación de la oración, me llamaron la atención sobre todo sus métodos (trucos) para que cualquiera pueda hacer oración:
  • El truco del pobre de la esquina, nos coloca en la vida real, cuantos pobres vemos a diario, pues ellos nos enseñan a orar, con su perseverancia, su quedarse parados esperando, exponiendo sus necesidades en un cartón, no necesitamos nada más, “ al orar no utilicéis muchas palabras como lo paganos” Quedémonos ante Dios como un pobre…
  • El truco del magistrado, pongamos nuestra agenda ante Dios, que vamos hacer durante el día, a mí siempre me ayudó esta idea “pregúntate que haría Jesús en tu lugar, y hazlo”.El truco de la Virgen María, “su madre guardaba todas estas cosas en su corazón”, María primera creyente es modelo de oración.
  • El truco de la estampita; o como el móvil se puede convertir en aliado de la oración y no en estorbo, ya que miramos tanto el teléfono, llenémoslo con imágenes que nos ayuden a mirar a Cristo.
  • El truco de la lectura; pero no de cualquier libro: la Biblia de principio a fin y especialmente el Evangelio. Me recordó este truco aquellas palabras del Papa Francisco pronunció justamente un año antes en un Ángelus: “ les pido siempre que tengan un contacto cotidiano con el Evangelio, que lean cada día un pasaje, un pasaje, que lo mediten y también que lo lleven con ustedes por doquier: en el bolsillo, en la cartera… Es decir que se alimenten cada día de esta fuente inagotable de salvación.”

Taizé

La acogida es un rasgo esencial del cristianismo, y eso lo han tenido muy en cuenta siempre en la Comunidad Monástica Ecuménica de Taizé. La oración y el canto son sus otras señas de identidad.
Fue en este momento donde comprobamos aquello de San Agustín de que el que canta ora dos veces.
El canto repetitivo de esta oración nos ayudaba a realizar esa ecología de corazón, en ella encontramos equilibrio, armonía, paz. Era la mejor manera de romper la cáscara de la palabra, rumiarla, meditarla; “Bendice alma mía al Señor” “Bless the Lord my soul” del salmo 102.

Después la lectura del Evangelio hizo resonar en mi interior de nuevo “hombres de poca fe”, y el canto vino a recobrarme; “Nada te turbe, solo Dios basta”. La celebración de la eucaristía, me ayudo a encontrar de nuevo mi refugio, mi roca, y saciada el hambre y la sed del alma, nos dispusimos a saciar también al cuerpo.


Lectura Orante

De lo que está lleno el corazón habla la boca”; ese es el gran secreto de la oración; que es una comunicación amorosa, y el amor no necesita muchas palabras, que se lo digan a los enamorados. Pues eso es la oración “estar muchas veces a solas, tratando de amistad con quien sabemos nos ama”.

La oración no es evasión, no es un monólogo, ni escucharnos a nosotros mismos, es escuchar la palabra que Dios tiene preparada para mí, y que transforma mi vida;” Lean un pasaje del Evangelio cada día. Es la fuerza que nos cambia, que nos trasforma: cambia la vida, cambia el corazón.” Decía el Papa en aquel Ángelus. La lectio divina consiste en leer utilizando el ojo de la fe y el ojo del amor; dejarse tocar por la palabra amorosa de Dios que nos dice en la Escritura, cuando hemos leído un fragmento y llega esa palabra que nos toca el corazón no podemos dejar de rumiarla; “hombres de poca fe” resonaba en mi interior…
El fin de la oración es la caridad, el servicio al prójimo, la capacidad de amar a los que tenemos cerca, “lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.
Al final de la vida nos examinarán de amor”.


Orar Realidad

Caminamos por la vida con los ojos tapados, llenos de temor y confianza, pisando las huellas de quienes nos preceden, pero sin ser capaces de disfrutar del paisaje, unas veces no vemos y muchas no queremos ver. “El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida”. Pero a todos nos gustaría aprender a mirar como mira Dios. A todos nos gustaría encontrar las señales que Dios nos deja en el camino de la vida.“Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó.”

Dios nos va hablando a través de la vida, la lectura orante también se hace en el libro de la vida, en nuestra vida cotidiana, en nuestro Nazaret. Los ojos de la fe siempre son necesarios como necesario es volver a nacer.

De noche iremos, de noche…” como Nicodemo, para nacer de nuevo del agua y del espíritu, y para mirar como Dios, tendremos que hacernos pequeños, accesibles, inocentes, y jugar a ser payasos que nos trasforman la mirada, para poder mirar el mundo con la mirada limpia de los bienaventurados que han sabido hacerse como niños para entrar en el Reino de los cielos, y encender velas que alumbren las tinieblas del mundo.
Aprendamos a hacernos pequeños para hacernos hermanos.

Cuando el día ya iba de caída, invocamos el auxilio del Espíritu, e iluminados por él, regresamos a casa comentando entre nosotros, “¿no ardía nuestro corazón mientras íbamos de camino?”

Me metí en el metro canturreando “Laudate omnes gentes, laudate Domino”. El camino de vuelta estuvo amenizado también por músicos, mientras yo trataba como María “conservar aquellas cosas en mi corazón”.

De regreso a mi Nazaret, mi pequeña familia, nuestra vida cotidiana, solo quedaba compartir la cena y descansar. Fue entonces cuando mi hija me pidió como tantas noches que rezase con ella antes de dormir:
Jesusito de mi vida, que eres niño como yo…”




Diego MELENDO MORENO

Gracias a las reflexiones de: José María Nieto (Sacerdote de la Congregación de la Misión) y al taller de Lectio Divina: José Ignacio Manzano (Monje cisterciense), al taller de Taizé: Grupo de la parroquia Stma. Trinidad de Villalba, Madrid, y al taller de orar la vida: Daniel Roca (Miembro del Equipo de acción social de los CEV) en el Encuentro de Agentes de Pastoral Juvenil Vicenciana que se celebró el pasado mes de Febrero en Madrid; sin las que esta crónica no hubiese sido posible.