Con el Adviento tenemos un espacio importante para nuestra renovación personal y comunitaria.
FRATERNIDAD
SACERDOTAL IESUS CARITAS
HERMANO
RESPONSABLE
Queridos
hermanos:
Con el
Adviento tenemos un espacio importante para nuestra renovación
personal y comunitaria de los valores del evangelio que debemos
integrar en nuestra vida: esperar al Mesías preparando la casa
interior; esperar con los hermanos y hermanas de nuestras comunidades
preparando un sitio abierto para la acogida, sin cerrarnos por los
miedos, los prejuicios o la sensación de ser únicos en hacer bien
las cosas; esperar con alegría porque el Niño de nuevo se hace niño
y no adulto; esperar en este Año de la Misericordia, en este año
también del Centenario de la Pascua del hermano Carlos, que los
hombres sean misericordiosos y que dejen de hacerse daño, muerte,
sufrimiento, sea por los fundamentalismos religiosos o por desprecio
a la vida de los demás y sus derechos.
El Adviento es un
tiempo propicio para aprovechar la jornada de desierto para dejarnos
llevar por el Señor; tiempo de esperanza y de renovación interior.
El desierto nos pone en nuestro sitio a cada uno, siendo conscientes
de nuestros límites y miserias. El desierto en el Adviento tiene
sabor a espera del amigo o del familiar en la estación del tren, o
de autobuses, o en un aeropuerto; veamos a Jesús bajar por la
escalerilla, o aparecer con mucha gente con su ligero equipaje y
alzando la mano para decir “aquí estoy, gracias por esperarme, por
venir a recogerme”. “En ninguna parte se puede escuchar mejor
que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto
es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial.
No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas
sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo
es buscar el camino acertado para orientar la vida”.
(Comentario de J.A. PAGOLA a Lc 3,1-6) Jesús está cerca.
Todas las
noticias que llegan acerca del inicio del Centenario del encuentro
definitivo con el Padre del hermano Carlos, en tantas partes del
mundo, entre la gente sencilla y en las fraternidades de toda la
Familia de Carlos de FOUCAULD, me llenan de alegría y de esperanza;
todos estamos llamados a vivir profundamente lo que es el Abandono;
poder decir con el corazón en la mano “haz de mí lo que quieras”.
Quitémonos el miedo a lo inesperado. Abramos la puerta a quien
llega. Vivir el Centenario desde el carisma que nos une como Familia
es cultivar la amistad con la gente, es estar con quien nos necesita,
es vivir según el Evangelio. Como decíamos en la Carta de Perín el
equipo internacional, es profundizar en ese mensaje de fraternidad
universal de Carlos de FOUCAULD, tan necesario para nuestro mundo y
nuestra Iglesia, valorando lo que recibimos de los más sencillos y
de los que sufren sea donde sea.
Debemos decir en nuestras
parroquias que los hombres de Dios, como el hermano Carlos, tienen
muchas cosas que decirnos, por encima de los mensajes tristes, de los
mensajes superficiales o frívolos, de las llamadas a la seguridad
personal o al consumo y ostentación. Carlos de FOUCAULD comenta así
Mt 5,3 (“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos
es el Reino de los Cielos”): “¡Esperemos! La salvación está
cerca; el cielo está cerca… Una sola cosa basta: ser pobre de
espíritu… Pobre de espíritu es ser verdaderamente pobre en el
fondo de nuestra alma; verdaderamente desprendido de todo, no sólo
de los bienes materiales, del deseo de los mismos, sino olvidarse de
sí mismo, tener el alma vacía de todos los deseos terrenos… Vacía
de todo y llena de Dios… Por Dios tendremos estos deseos para los
demás… Pero todo por Dios: sólo Él nos llenará”.
Hemos
vivido con preocupación la visita del papa Francisco a África, como
mensajero de paz y de misericordia. Hemos compartido su encuentro con
otras culturas y con el Islam; este hombre valiente que lleva a Jesús
por donde va, aunque sea como jefe de Estado en ocasiones y rodeado
de seguridad, nos da esperanza y nos devuelve la alegría de estar en
el trabajo por el Reino como presbíteros diocesanos. La misericordia
que muestra con su vida, en los pasos que hacen renovar a la Iglesia
para que realmente sea la Iglesia de Jesús, las dificultades que
encuentra dentro de la misma Iglesia, no cabe duda que es acción del
Espíritu. Unamos nuestra oración por él y por todo lo que de él
vamos a recibir con su palabra y testimonio en este Año de la
Misericordia.
Unamos
también nuestra oración para que las conclusiones del Sínodo de la
Familia abran a la Iglesia a avanzar en la lucha por la vida, la vida
de las personas, las que se equivocaron en sus matrimonios, las que
son mal miradas por su condición sexual, las personas que se sienten
y son cristianas pero que no se amoldan al modelo establecido. Todos
conocemos a divorciados, separados, gente de fe, y que hasta ahora se
han sentido marginados por la Iglesia. Podríamos pensar: ¿de
cuántos hermanos sacerdotes o amigos o amigas estamos divorciados?
¿Por qué a veces tenemos como a enemigos a quienes comparten
nuestro ministerio? ¿Qué rompe la comunión eclesial, las ideas o
las personas que no nos gustan que tengan esas ideas o actitudes?
En el Sínodo de la
Familia estuvo presente y no sólo con su voz, sino también con su
voto, Hervé JANSON, prior general de los Hermanos de Jesús: tenemos
que agradecerle su testimonio de familia de Nazaret y su valentía
para romper esquemas “de buena conducta”.
Gracias,
Hervé, por la sencillez con que expresabas esa fraternidad universal
de estar con los más pequeños, en fidelidad al carisma de Carlos de
FOUCAULD y como persona que vive el Evangelio en los últimos
lugares. Nazaret no es solamente un referente para nosotros; es
también el modelo de comunidad doméstica y parroquial, de
fraternidad.
Recordando
a nuestros hermanos enfermos, recordando a los hermanos en países en
guerra, o en situación de extrema pobreza, recordando a todos, os
deseo de corazón un Adviento de renovación y una Navidad donde
dejemos que Jesús se haga presente en nuestra vida, en las
decisiones, en nuestras relaciones, en nuestro trabajo.
Un
abrazo de esperanza.
Aurelio
SANZ BAEZA, hermano responsable
Perín,
Cartagena, Murcia, España, 8 de diciembre de 2015,
solemnidad
de la Inmaculada Concepción de María e inicio del Año de la
Misericordia