El Mes de Nazaret y los encuentros de fraternidad hacen posible la fraternidad con la gente allí donde estamos, en el último lugar.
CARTA DE AURELIO
A LAS FRATERNIDADES DE ARGENTINA
agosto 2.017
A LAS FRATERNIDADES DE ARGENTINA
agosto 2.017
Queridos hermanos,
esteeee,
ha pasado un tiempo después de mi regreso de ashá, y llevo semanas
deseando escribir, pero entre la asamblea europea de Polonia y los
trabajos aquí, esteeee, que no he podido, vasha.
Ha sido una estancia en Argentina inolvidable para mí: el retiro en Unquillo, con la aportación sencilla y fraternal de nuestro querido José M.ª BALIÑA, y poder compartir el reencuentro con ustedes (vosotros) en ese ambiente de oración y fraternidad, donde se constata la amistad de las personas, el servicio a los demás en las cosas pequeñas, lo que nos aporta lo cotidiano de nuestra vida… todo un regalo del Señor y un refuerzo para seguir en el camino que el hermano Carlos nos muestra en su testimonio de seguidor de Jesús.Gracias por acogerme tan fraternalmente; primero, Marcos, en Córdoba; la fraternidad en Villa Don Bosco; los hermanos en Buenos Aires, especialmente Tino y sus comunidades parroquiales de Boulogne; los hermanos Walter y Rubén, que me enseñaron el centro de la metrópoli y me dieron lo mejor de su hospitalidad, y la imagen de Nuestra Señora de Luján, que tenemos en nuestra capilla del Hogar Torre Nazaret, aquí, y los san Expeditos, (de vez en cuando me encomiendo a él para temas rapiditos); la fraternidad de San Isidro, con el encuentro en casa de Tino… No he podido ser mejor tratado por todos. La estancia en la parroquia de Eleuterio, compartiendo mesa y fiesta con Javier PINTO y familia, y las hermanitas Adriana y Paula… creo que voy a bailar una chacarera, oiga...
Gracias, porque vuestro testimonio y cercanía me ayudan en mi servicio a la fraternidad y me dan ánimos a creer aún más que el Reino se hace desde la gente sencilla y sin etiquetas, tal y como somos sin idealizar a nadie.
Me pareció una conclusión estupenda la decisión de celebrar el Mes de Nazaret en julio del próximo año; ese espacio abierto donde la fraternidad se hace más profunda y se descubre el valor de la persona como ser humano, como hermano y como creyente, donde Jesús de Nazaret vuelve a hacer familia, tanto en torno a su presencia eucarística (adoración y eucaristía), como la lectura del corazón y la vida de los demás (revisión de vida), como en el trabajo manual y distribución de tareas (fraternidad) y el tiempo de silencio y de dejarse buscar y encontrar por el Señor, escuchándolo sólo a él (desierto), y todo a pesar de nuestras miserias, o nuestro carácter, o nuestras manías, porque somos hombres, y no angelitos.
Sin
ánimo de adoctrinar ni dogmatizar, creo que tanto el Mes de Nazaret
como los encuentros de fraternidad hacen posible la fraternidad con la
gente allí donde estamos, en el último lugar -como comentábamos en
Unquillo-, el lugar que se nos da, el que nos da la vida, los
acontecimientos o la decisión del obispo. La fraternidad nos evangeliza y
nos lanza a anunciar la Buena Noticia de Jesús, si no se queda en un
grupo de amigos solterones. En Polonia hablamos que la evangelización
comienza en la puerta de nuestro vecino, no en la sacristía ni en el
templo: la calle de Jesús es mi calle y la tuya, y la de los que son
marcados como poco deseables o peligrosos; la calle del mundo con
vecinos molestos, con vecinos prepotentes o arrogantes; con vecinos que
se avergüenzan de sus vidas y de los suyos, los aplastados por la
tragedia o el fracaso. En esas calles quiere vive Jesús.
De
las intervenciones de José M.ª, sin dejar aparte ninguna, pues todas
las charlas fueron muy iluminadoras, aún resuena en mí el texto citado
de Mt 5, 8 “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios”. ¿Tengo mi corazón limpio para valorar el corazón de los demás?
¿Miro con buenos ojos a personas que no me gustan, o de las cuales tengo
prejuicios? ¿Cómo veo a Dios, o creo que lo percibo en la gente que me
rodea, o a la que sirvo? Y me doy cuenta que estoy al comienzo del
camino.
Esto,
junto con el testimonio de Jorge, en la eucaristía de inicio del
retiro, que me puso los pelos de punta, y que a todos los agrandó el
corazón y reforzó en nuestra vocación, -gracias, querido Jorge; no sabes
tú el bien que nos hiciste- , me ha ayudado en la última semana a
afrontar una dura realidad: la muerte en accidente de moto de un chaval
de 17 años. Suponeos (supongan) qué trago más difícil y complicado con
la familia, los amigos, su agrupación de fútbol, la repercusión
mediática, etc. Me he sentido incapacitado para tener la palabra exacta.
Me bloqueé pensando en el entierro y su preparación, pero el Señor me
dio fuerza y buen hacer. Esta misma mañana he ido a visitar a su mamá.
Sé que Mt 5,8, la bienaventuranza de Jesús que me ha tocado de lleno, es
una semilla que crecerá y hará crecer a otros.
Hermanos,
termino ya; basta de discursos. Os (les) expreso todo esto como hermano
y con el reconocimiento en mi persona a todos vosotros (ustedes) y
especialmente a Dany, por su trabajo por la fraternidad, por su
dedicación y todas las preocupaciones para que todo vaya bien.
Gracias por estar allí, a todos, gracias porque cuento con vuestra (su) oración y apoyo, como yo cada día les (os) presento ante Jesús, así como a todos los hermanos de las fraternidades del mundo.
Que el hermano Carlos y el Cura Brochero les (os) bendiga, y la Virgen, la Madre de América, nos lleve de su mano.
Un abrazo grande y fraterno.