
Segunda ponencia de Antonio López Baeza en el retiro de la Fraternidad Sacerdotal española.
Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas
Retiro de Navidad 2.017
Galapagar (Madrid), 27-30 de diciembre
1.- La Ternura, ¿atributo de Dios?
Pero, creo vale la pena detenerse un poco en el análisis del término “ternura”, en su relación con la revelación judeo/cristiana. ¿Aparece la palabra “ternura”, con mayor o menor utilización, en las traducciones de la Biblia a las lenguas vulgares, y muy en concreto a la castellana? La respuesta inmediata es que no; se utilizan, sí, términos muy semejantes que, incluso podemos considerar sinónimos, tales como misericordia, compasión, bondad, clemencia, perdón, lealtad, amor incondicional y eterno. Pero de ternura, propiamente, sólo en algún pasaje, como el salmo 103, donde leemos:
Pero el término más repetido para hablar de la actitud de Dios con su pueblo y con sus fieles, es el de la misericordia, hasta el punto que, en la revelación de Yahvé a Moisés en el Sinaí, la expresión Dios compasivo y misericordioso, queda fijada como manifestación central del misterio divino. Yahvé, el Dios cuyo nombre queda oculto bajo su presencia activa de acompañamiento a su pueblo y a sus fieles, queda a la vez revelado como el que actúa siempre dentro de la Misericordia. Misericordia nunca indiferente ante el pecado que hace sufrir a su pueblo, a aquellos mismos que lo cometen; y por ello, aportando las armas de la compasión, la misericordia y la clemencia, como las únicas que pueden vencer el mal con sus secuelas de sufrimiento humano.
2.- Valorar la Ternura para comprender mejor la Misericordia Divina
La Misericordia de Dios, que ya en el Éxodo, a lo largo del caminar por el desierto del pueblo escapado de Egipto, había sido manifestada repetidas veces como el modo propio e inconfundible de ser de Yahvé, pasara a los profetas de Israel como el leit motiv de todas sus llamadas a conversión. Convertirse no será otra cosa sino reconocer que Dios es Misericordioso; y acogerse a su Misericordia para llegar a ser fieles a nuestra propia vocación, nos hace agradables a sus ojos y nos da su Gracia, es decir, su favor en beneficio de nuestras vidas en sus más legítimos e irrenunciables intereses.
2.1- Ternura de Padre ante las debilidades del hijo
Los profetas se encargarán, como ya hemos indicado, de que Israel no olvide que su mayor pecado consiste, una y otra vez, en olvidarse o desconfiar de la Misericordia de Dios. Se la ha mostrado de muchas maneras como para que puedan vivir a espaldas de la misma. Y sólo creyendo en un Dios cuyo nombre se puede traducir como Compasivo y Misericordioso, es posible reconocer las propias faltas, la propia debilidad y miseria (así como las fuerzas adversas del mal que hacen sufrir a los humanos), sin caer en amarga desesperanza o en una frustración sin fondo. Por el contrario, la Misericordia es el vínculo por el que siempre podemos empezar de nuevo y avanzar en cuanto nos hace más libres, felices y creativos en el mundo. Entregados a la Misericordia de Dios aprenderemos a ser más misericordiosos con nosotros mismos, cada uno con sus flaquezas reconocidas, igual que con las de mis hermanos, en quienes contemplo a semejantes, débiles, como yo mismo, y amados de Dios, como me ama a mí mismo.
Pero, creo vale la pena detenerse un poco en el análisis del término “ternura”, en su relación con la revelación judeo/cristiana. ¿Aparece la palabra “ternura”, con mayor o menor utilización, en las traducciones de la Biblia a las lenguas vulgares, y muy en concreto a la castellana? La respuesta inmediata es que no; se utilizan, sí, términos muy semejantes que, incluso podemos considerar sinónimos, tales como misericordia, compasión, bondad, clemencia, perdón, lealtad, amor incondicional y eterno. Pero de ternura, propiamente, sólo en algún pasaje, como el salmo 103, donde leemos:
La ternura aquí aparece como atributo de Dios, incapaz de quedar indiferente ante las necesidades de sus hijos. Nos conoce muy bien nuestro Creador, como para olvidarse de que somos débiles (barro quebradizo), Y en su recuerdo (en su corazón) permanecemos siempre arropados por su ternura de Padre siempre solícito, en que consiste su respuesta comprometida, solidaria, con nuestros sufrimientos eN cada situación de nuestras vidas. Bien , pues, utilizando la imagen, podríamos decir que la Ternura es el substrato, la primera sustancia divina, de la que Dios hará uso para manifestarse como Creador y Padre, como Esposo, Hermano y Compañero fiel en los avatares de nuestra existencia peregrinante.Bendeciré al Señor con toda mi alma;
no olvidaré ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas mis maldades,
quien libra mi vida del sepulcro,
quien me colma de amor y de ternura,
quien me satisface con todo lo mejor
y me rejuvenece como un águila.
El Señor es tierno y compasivo, es paciente y todo amor.
No nos reprende sin término, ni su ira es eterna;
no nos ha dado el pago que merecen
nuestras maldades y pecados;
tan inmenso es su amor por los que le honran
como inmenso es el cielo sobre la tierra,
El Señor es con los que le honran
tan tierno como un Padre con sus hijos:
pues Él sabe de qué estamos hechos:
sabe bien que somos polvo (1).
Pero el término más repetido para hablar de la actitud de Dios con su pueblo y con sus fieles, es el de la misericordia, hasta el punto que, en la revelación de Yahvé a Moisés en el Sinaí, la expresión Dios compasivo y misericordioso, queda fijada como manifestación central del misterio divino. Yahvé, el Dios cuyo nombre queda oculto bajo su presencia activa de acompañamiento a su pueblo y a sus fieles, queda a la vez revelado como el que actúa siempre dentro de la Misericordia. Misericordia nunca indiferente ante el pecado que hace sufrir a su pueblo, a aquellos mismos que lo cometen; y por ello, aportando las armas de la compasión, la misericordia y la clemencia, como las únicas que pueden vencer el mal con sus secuelas de sufrimiento humano.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí; Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: “Yahvé, Yahvé: Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, que mantiene la clemencia hasta la milésima generación, que perdona la culpa, el delito y el pecado, pero no los deja impone (Ex 34,5-7).La interpretación más común de este texto es que Dios mismo es quien pronuncia dos veces su nombre (Yahvé=El que Es), para, a continuación, poner de relieve que su Ser Eterno es de Misericordia (o que, es la Misericordia lo que mejor define su misterio (manera eterna) de Ser. Cualquier otra concepción de Dios que no ponga la Misericordia como centro de su revelación, como espacio de conocimiento y comunicación del hombre con Dios, será considerada idolátrica. Dios, el Dios de Abraham, de Moisés, de los Profetas y de Jesús de Nazaret, sólo es Todopoderoso, Omnisciente, Justo y Santo, en la manifestación de su Misericordia. Será, pues, la Misericordia de Dios, en todas las vivencias de fe, el manantial inagotable de gozo y de renovación para cuantos a Él se acogen.
2.- Valorar la Ternura para comprender mejor la Misericordia Divina
La Misericordia de Dios, que ya en el Éxodo, a lo largo del caminar por el desierto del pueblo escapado de Egipto, había sido manifestada repetidas veces como el modo propio e inconfundible de ser de Yahvé, pasara a los profetas de Israel como el leit motiv de todas sus llamadas a conversión. Convertirse no será otra cosa sino reconocer que Dios es Misericordioso; y acogerse a su Misericordia para llegar a ser fieles a nuestra propia vocación, nos hace agradables a sus ojos y nos da su Gracia, es decir, su favor en beneficio de nuestras vidas en sus más legítimos e irrenunciables intereses.
2.1- Ternura de Padre ante las debilidades del hijo
Los profetas se encargarán, como ya hemos indicado, de que Israel no olvide que su mayor pecado consiste, una y otra vez, en olvidarse o desconfiar de la Misericordia de Dios. Se la ha mostrado de muchas maneras como para que puedan vivir a espaldas de la misma. Y sólo creyendo en un Dios cuyo nombre se puede traducir como Compasivo y Misericordioso, es posible reconocer las propias faltas, la propia debilidad y miseria (así como las fuerzas adversas del mal que hacen sufrir a los humanos), sin caer en amarga desesperanza o en una frustración sin fondo. Por el contrario, la Misericordia es el vínculo por el que siempre podemos empezar de nuevo y avanzar en cuanto nos hace más libres, felices y creativos en el mundo. Entregados a la Misericordia de Dios aprenderemos a ser más misericordiosos con nosotros mismos, cada uno con sus flaquezas reconocidas, igual que con las de mis hermanos, en quienes contemplo a semejantes, débiles, como yo mismo, y amados de Dios, como me ama a mí mismo.
En un arranque de enojo, por un momento, me oculté de ti,
pero con amor eterno te tuve compasión.
Lo dice el Señor, tu redentor (Is 54,8).
…pero aunque en su ira el Señor te castigó,En estas citas que representan un sentir común, expresado de diversas maneras, resplandece, como voz unánime de los profetas, que existe un Dios Justo, un Señor de la vida que quiere el bien de sus criaturas, y nunca el mal; que, aunque se vea obligado a “castigar” a su pueblo, jamás lo hará como venganza por sus maldades, sino como ternura que, reconociendo nuestra debilidad de seres limitados, incapaces de mantenerse siempre en el camino de la fidelidad, sabiendo Él mejor que nadie el daño que nos hacemos a nosotros mismos, se vuelca con toda su Misericordia (pone su corazón en nuestras miserias) a fin de que podamos encauzar de nuevo nuestras vidas por el sendero del bien y la verdad.
ahora en su bondad te ha tenido compasión (Is 60,10b).
Yo te he amado con amor eterno: por eso te sigo tratando
(tirando de ti hacia mí) con bondad (Jr. 31,3).
¿Cómo podré dejarte, Efraín? ¿Cómo podré abandonarte, Israel?
¡Mi corazón está conmovido, lleno de compasión por ti!
No actuaré según el ardor de mi ira,
no volveré a destruir a Efraín,
porque Yo soy Dios, no hombre. Yo soy el Santo
que estoy en medio de ti, y no he venido a destruirte (Os 11, 8-9).
¡Volveos al Señor, vuestro Dios,
y desgarrad vuestro corazón en vez de desgarraros la ropa!
Porque el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor,
dispuesto siempre a levantar el castigo (Jl 2, 13).
No hay otro Dios como Tú,
porque Tú perdonas la maldad y olvidas las rebeliones…
Tú nos muestras tu amor y no mantienes por siempre tu enojo.
¡Ten otra vez compasión de nosotros…!
¡Mantén, Señor, la fidelidad y el amor
que en tiempos antiguos prometiste
a nuestros antepasados, Abraham y Jacob (Miq 7, 18-20).
El Señor es paciente pero poderoso,
y no dejará de castigar al culpable.
El Señor camina sobre la tormenta,
y las nubes son el polvo de sus pies (Nah 1, 3).
Su Justicia aceptada como Misericordia, nos hace justos, es decir, nos ajusta a la verdad de nuestro propio ser; pues justo es todo aquel que no traiciona, que se ajusta, que es fiel a su propia humanidad.
2.2.- Oseas, o la Ternura del Esposo ante la esposa infiel
Dos momentos singulares de los profetas bíblicos, merecen ser retenidos para contemplar el misterio de la Ternura de Dios. Se trata de Oseas, 2, 14-17, y Jonás 4, 1-11. Los vemos por separado.
Oseas nos presenta el drama de un Dios que ha sido abandonado (traicionado) por su esposa, a cuyo amor Él no ha renunciado, antes bien, sigue decidido a hacer cuanto esté de su parte para convencer a la infiel de que sin el amor de su legítimo esposo nunca tendrá paz ni felicidad en su vida. Y se dice a sí mismo:
Yo la voy a enamorar. la llevaré al desierto y le hablaré al corazón.Es el soliloquio de un marido amante cuya ternura hacia la esposa infiel, no ha desaparecido, sino que ha aumentado con la infidelidad de ella. Él sabe que los baales (ídolos que prometen lo que no tienen) jamás harán feliz a la desdichada. Y es precisamente, la desdicha de la esposa que lo ha abandonado, lo que más conmueve sus entrañas. Él no puede ser feliz sin la felicidad de ella. Este antropomorfismo “Él no puede ser feliz sin la felicidad de ella”, nos revela algo muy importante del misterio de Dios. Misterio es exceso de luz que ciega la mente humana en su capacidad receptiva; y nada puede cegar más la mente del hombre que percibir que la felicidad de Dios está esencialmente vinculada a la felicidad del hombre. Ternura inmensa en que el amor es pasión a la vez que misericordia y perdón. Sólo Dios puede amar así. Lo demostró ya al sacar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y quiere seguir demostrándolo con sus requiebros de ternura dirigidos al corazón humano. Importa, pues, que el pueblo creyente y el alma fiel, acepten los desiertos de la vida como lugares privilegiados para escuchar las reiteradas declaraciones de amor del Esposo tiernamente enamorado.
Luego le devolveré sus viñas y convertiré el valle de Acor en puerta de esperanza para ella.
Allí me responderá como en su juventud, como en el día en que salió de Egipto.
Entonces me llamará “Marido mío”, en vez de llamarme “Baal mío” (Os. 2, 14-16).
2.3.- Jonás, o el lenguaje de la Ternura, imprescindible para hablan en nombre de Dios
El segundo episodio revelador de la inquebrantable ternura de Dios, lo hallamos en Jonás, el profeta que huye de sí mismo y de la misión de misericordia que le ha sido encomendada. Para este profeta Dios es justo, y, por tanto, no puede dejar de castigar la culpa y el pecado, ya que si no los castiga, los humanos no se darán cuenta del gravísimo alcance de sus malas obras. Pero los planes de Dios se mueven en otras coordenadas. En tanto Jonás piensa que el castigo servirá para enmendar la mala conducta, Yahvé piensa que sólo la Misericordia ampliamente manifestada podrá ayudar a su pueblo a comprender que el único camino de salvación para este mundo es el amor, el amor que denuncia la injusticia, el amor que se solidariza con las víctimas, el amor que valora y defiende la vida en sus más mínimas manifestaciones. Por eso dice el Señor a su profeta:
¿Te parece bien enojarte así porque se haya secado la mata de ricino?El discurso de Dios, frente al de Jonás, está centrado en el amor a la vida, especialmente la de los más débiles e indefensos. Jonás, en cambio, malhumorado hasta lo incomprensible por haber perdido el arbusto que le daba sombra, hace de ello motivo de protesta ante Dios. Este arbusto era lo único que me quedaba en esta vida. A su amparo pasaba las horas esperando la destrucción de la gran ciudad colmada de crímenes. Y ahora, no sólo que la ciudad no es destruida, sino que se me quita mi poco arrimo en la tierra. ¿Es esto justo?
¡Claro que me parece bien -respondió Jonás-; estoy que me muero de rabia.
Entonces el Señor le dijo: tú no plantaste la mata de ricino ni la hiciste crecer;
en una noche nació y a la noche siguiente murió.
Sin embargo tienes compasión de ella.
Pues con mayor razón debo Yo tener compasión de Nínive,
esa gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil niños inocentes y muchos animales (Jon 4, 9-11).
El Señor le responde que su Justicia, la que por ser de Dios supera infinitamente a la de los hombres, prefiere amonestar antes que castigar; confiar en el cambio de los corazones, antes que darlo todo por perdido. Dios cree que el humano puede cambiar, convertirse a Él, reconocer sus maldades y abjurar de ellas; por eso prefiere aplicar la paciencia, porque Él como nadie sabe que el mal, todo tipo de mal, sólo se vence con el bien. La Ternura de Dios es aquí lección de esperanza en el triunfo definitivo del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.
2.4.- Elías en el desierto: ternura como la intimidad con Dios
Con el testimonio de Elías profeta, terrible en su ira en defensa del único Dios verdadero, pero vencido ante la manifestación de Dios en la suave brisa de un atardecer de primavera, alcanza la revelación bíblica esa cumbre que, en adelante, servirá de atalaya para poder distinguir desde lejos cuales de nuestros actos humanos sirven a la voluntad amorosa del Dios de la Ternura.
El Señor dijo a Elías: sal fuera y quédate de pie, ante mí, sobre la montaña.Parece imposible conocer a Dios y estar a su servicio si no es desde la ternura. La ira con su espíritu de castigo y venganza no tiene nada que ver con el Dios que no está en el huracán, ni en el terremoto devastador, ni en la erupción volcánica. Dos cosas necesitaba Elías para llegar a ser el profeta que Dios esperaba de él: una, estar convencido de que las tormentas de la vida no son eternas, tienen un comienzo que lleva consigo un final cierto: hay, pues, que tener paciencia ante las situaciones difíciles que parecen amenazar el triunfo de la verdad y del bien; otra, que para ser testigos de Dios en el mundo, hay que haber conocido (como Abraham, como Moisés,,,) en el desierto (en la conciencia humana de fracaso), que el auténtico triunfo del amor que da la vida, jamás se identifica con ninguna forma de violencia destructiva ni de orgullo prometéico. Antes bien, hay una ternura que representa en toda lucha contra el mal la fuerza invencible de la propia debilidad aceptada y entregada.
En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña, partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento.
Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto.
Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado.
Al escucharlo, Elías se cubrió la cara con su capa, y salió y se quedó a la entrada de la cueva.
En esto llegó a él una voz que le decía: ¿Qué haces ahí, Elías? (IRey. 19, 11-13).
Es el eco que nos viene de san Pablo: pues cuando soy débil, ¡entonces soy fuerte!; tengo conciencia de que Dios ha depositado en la ternura una fuerza revolucionaria, pues en ella se manifiesta el amor como servicio a todas las manifestaciones de la vida, comenzando por las más indefensas. Mi propia debilidad de criatura unida a la debilidad de Dios, que es su “incapacidad” de hacer daño a la vida, representa la puesta en marcha en este mundo de la Revolución de la Ternura. Donde se niega en la práctica la Ternura, siempre se hace algún daño a la vida.
2.5.- La Ternura, distintivo del Siervo de Yahvé
Pero aún hay otro momento en los profetas que revela la Ternura de Dios como incapacidad divina para hacer daño a nada de cuanto conserva en sí un aliento de vida. La vida nunca es poca (despreciable) en sí misma, pues que todo viviente, al margen de la cantidad, calidad o intensidad de su vivir, es vida; y todo cuanto es vida es voluntad positiva del Creador, que se está dando en todo momento al ser de sus criaturas, y está compartiendo así con ellas su Ser divino.
Tan reconfortante verdad de fe, nos la acerca el pasaje del Siervo de Yahvé, según Isaías 42, donde se nos dice:
Aquí está mi Siervo, a quien sostengo;La fuerza de Dios se manifiesta en la ternura del Siervo; y tal ternura representa en la historia humana la voluntad de Dios para superar los problemas de los hombres. Es su Elegido, en quien se deleita, porque el Dios Justo, incapaz de sentirse a gusto con las injusticias cometidas por los hombres, sabe y nos quiere hacer saber que ningún mal se vence con otro mal (aunque este segundo lo consideremos menor que el primero). La violencia ejercida sobre la vida en general, y sobre situaciones humanas en concreto, no ha sido ni será nunca vehículo de Justicia y Paz.
mi Elegido, en quien me deleito.
He puesto en él mi Espíritu para que traiga la Justicia a todas las naciones.
No gritará, no levantará la voz, no hará oír su voz en las calles,
no acabará de romper la caña cascada ni apagará la mecha que arde débilmente.
Verdaderamente traerá la Justicia.
No descansará ni su ánimo se quebrantará hasta que establezca la Justicia en la Tierra (Is 42,1-4a).
Por eso nos propone a su Siervo, es decir, a aquel que verdaderamente sirve a los intereses de Dios. Éste es el que respeta la vida en sus mínimas manifestaciones, el que sabe distinguir la parte buena que puede darse (y siempre se da) en todo mal real. No es un idealista desencarnado. Es un amante de la carne humana con toda su grandeza y debilidad. Y aceptando que la debilidad no tiene poder para sofocar la grandeza, y que la grandeza del espíritu humano desaparece cuando no está al servicio de la debilidad, intenta sacar fuerzas de la misma debilidad. Es el dechado de la ternura. Si algo vivo ha de morir, que no sea por mi acción ni por mi querer. He venido para ser testigo de que sólo el amor salva, y de que la Justicia que hace justos a los humanos nunca será producto de la ley del más fuerte.
Y Dios está convencido -tal como nos cerciora el profeta-, de que sólo este tipo de servicio (el de la Ternura) podrá restablecer la Justicia en la Tierra. Ser tierno ante las debilidades humanas, será siempre un signo de comunión con Dios.
3.- Una Ternura que impregna toda la vida del Reino: acción y contemplación
Y nos avisa. Nos manda los profetas de la ternura que nunca faltan en la historia humana. Y en la voz de los profetas podemos discernir lo que es grato a Dios que coincide con lo que es bueno y mejor para nosotros. E iluminados por el testimonio y la palabra de los profetas de ayer y de hoy, sabemos que lo que agrada a Dios no es el sacrificio, sino la Misericordia; es decir, no los ritos sagrados separados de la vida, sino una vida entregada a la misericordia con todos, especialmente con nuestros hermanos que más sufren. No los intereses de una religión establecida, sino el triunfo del respeto a la dignidad y a los derechos humanos, es lo que interesa a nuestro Dios.
¿Cómo poder seguir hablando de compasión, donde no se comparte la pasión, el sufrimiento del otro, del indigente? Ni basta con impetrar a Dios Justicia entre y para los hombres, sino que es indispensable hacer la justicia, poner en juego lo mejor de nuestro ser para que este mundo sea justo, e incluso aceptar el padecer por causa de la Justicia, para ser dignos del Reino prometido.
Vosotros, los que honráis al Señor -dice el Eclesiástico-, confiad en su Misericordia, no os desviéis del camino recto para no caer (Eclo 2,7). Y también: Pongámonos en las manos del Señor, y no en las manos de los hombres, porque el Amor de Dios es igual a su grandeza (2,18). Honrar al Señor es sinónimo de practicar la Misericordia. Ponerse en las manos de Dios. y no en las de los hombres, es no hacer nuestra justicia para ser recompensados, pues sería como negar que la práctica de la misericordia es en sí ya la mejor recompensa, pues los misericordiosos sólo son aquellos que viven de la Misericordia divina que rebosa de sus corazones hacia los demás.
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1 Salmo 103, 2-5. 8-11. 13-14, según la Edición Interconfesional DIOS HABLA HOY. Sociedades Bíblicas Reunidas-Edt Claret, Madrid 2003. Todas las citas bíblicas en adelante están tomadas (si otra cosa no se i indica) de este misma traducción.
